(787) 722 0861
La adoración eucarística cada Jueves
de 07:00am a 12:00pm
3er Domingo de cada mes a las 11:00 am.
(Veneración de la Reliquia)
3er domingo de cada mes
a las 11:00am.

Martes VI Semana de Pascua-Ciclo A
12/Mayo/2026| Evangelio y Reflexión
Evangelio según San Juan 16, 5-11
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?”. Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré.
Y cuando venga, dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado».
Palabra de Dios
Queridos hermanos y hermanas, bienvenidos al Evangelio de hoy.
Hoy Jesús nos habla de una despedida. Y las despedidas siempre duelen. Los discípulos sienten tristeza porque el Maestro les anuncia que se va. Sin embargo, Cristo les dice algo sorprendente: “Les conviene que yo me vaya.”
¿Por qué? Porque vendrá el Espíritu Santo.
Muchas veces nosotros también vivimos aferrados a seguridades humanas. Queremos controlarlo todo, entenderlo todo, tener respuestas inmediatas para todo. Pero el Señor muchas veces actúa de maneras distintas a las nuestras.
El Espíritu Santo viene a transformarnos el corazón.
Y quizás esa es una de las mayores necesidades de nuestro tiempo: corazones transformados.
Vivimos en una sociedad llena de avances tecnológicos, pero muchas veces vacía interiormente. Hay mucha información… pero poca sabiduría. Mucha comunicación… pero poco encuentro verdadero. Mucha apariencia… pero poca paz.
Por eso el Espíritu Santo sigue hoy en día, siendo indispensable en nuestras vidas.
Él nos ayuda a distinguir el bien del mal, él nos mueve al arrepentimiento, él nos impulsa a amar y nos recuerda que somos hijos de Dios.
Por eso, hoy podríamos preguntarnos:
¿Le doy espacio al Espíritu Santo en mi vida?
¿Escucho la voz de Dios?
¿Busco momentos de oración y silencio?
Porque Dios no nos suele gritar. Dios nos habla directo al corazón.
Y cuando dejamos actuar al Espíritu Santo, comenzamos a mirar la vida de otra manera, con otra perspectiva.
Lo que antes nos parecía imposible empieza a transformarse. Ese miedo se convierte en confianza. esa tristeza en esperanza. Ese egoísmo en amor.
Por tanto, pidamos hoy esa gracia:
“Ven, Espíritu Santo.”
Ven a mi familia.
Ven a mi trabajo.
Ven a mi corazón.
Y que nunca olvidemos que Dios sigue actuando en medio de nosotros.
Amén.
Copyright © 2026 Catedral Metropolitana Basílica Menor de San Juan Bautista
1521 – 2026 All Rights Reserved.